Medir para transformar: lo que Bogotá nos dice sobre la reconciliación

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Datos que nos unen
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La voluntad no es el problema: 8 de cada 10 bogotanas y bogotanos se declaran dispuestos a reconciliarse en 16 de las 18 condiciones evaluadas en la dimensión individual —diálogo, reparación, verdad, memoria, solidaridad—. El reto está en otro lugar: lo comunitario. Análisis de los resultados Datos para la Reconciliación. 

Bogotá alberga a más de 400.000 víctimas del conflicto armado, es el hogar de más de mil personas en proceso de reincorporación o reintegración y, según la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (2026), fue el escenario de más de 5.000 desapariciones forzadas en el marco del conflicto armado. 

En la ciudad se evidencia un contraste permanente: Bogotá se posiciona cada vez más como un lugar donde dichas poblaciones llegan y permanecen para continuar con sus proyectos de vida, sin embargo, el relacionamiento cotidiano sigue siendo un desafío. 4 de cada 10 bogotanas y bogotanos manifiestan resistencia a la convivencia vecinal con la población que ha dejado las armas, y apenas el 41,9% afirma confiar en sus vecinos, según la Encuesta Bienal de Cultura (2025). Estas cifras no hablan únicamente de quienes vivieron el conflicto de forma directa: hablan de un ethos del conflicto que ha permeado la forma en que todas y todos nos relacionamos, incluso quienes no lo vivieron en carne propia. 

Frente a este panorama, en el Distrito nos hicimos una pregunta para abordar el tema de la reconciliación con rigor: ¿qué tan dispuesta está la ciudad para reconciliarse? Y, más importante aún, ¿cómo lo sabemos? 

Medir para transformar 

Datos que nos unen

No se puede fortalecer lo que no se mide. Por eso, la Consejería de Paz, Víctimas y Reconciliación, en colaboración con la Secretaría Distrital de Cultura, diseñó una encuesta de percepción representativa para Bogotá, incluyendo a población víctima del conflicto armado y para quienes han dejado las armas. Aplicada entre finales de marzo y comienzos de mayo de 2025 a casi 4.000 personas, la encuesta recogió información sobre las condiciones fundamentales para la reconciliación en tres ámbitos: individual, socio-comunitario e institucional. 

El ejercicio buscó responder tres preguntas: 

· ¿Qué tan dispuesta está la ciudadanía a reconciliarse? 

· ¿Existen los recursos y las capacidades para hacerlo en las comunidades? 

· ¿Qué tan pertinente es la respuesta institucional para favorecer la reconciliación? 

Lo que encontramos 

Reconciliación en Bogotá

Los resultados cuentan la historia de una ciudad dispuesta a reconciliarse desde lo individual, pero con retos importantes para construir propósitos comunes desde lo comunitario. 

En el plano individual, los bogotanos se reconocen a sí mismos como personas dispuestas: en 16 de las 18 condiciones evaluadas al menos el 80% de la ciudadanía presenta niveles favorables, estas condiciones incluyen disposición al diálogo, la reparación, la verdad, la memoria y la solidaridad. 

Pero cuando la pregunta se traslada a lo comunitario y a los recursos disponibles en los territorios, aparecen las mayores brechas de la encuesta: solo el 40,1% de la población que ha dejado las armas reconoce redes de apoyo en su entorno cercano (frente al 65,9% de la ciudadanía en general y el 72,8% de las víctimas). Y la percepción de canales efectivos de diálogo en el barrio cae al 45,5% entre quienes han dejado las armas, 70,8% en la ciudadanía general y 73,4% en las víctimas — muy por debajo del 91,7% que sí se siente capaz de conversar sin agredir a quien piensa distinto. 

En otras palabras: hemos aprendido a compartir el espacio, pero todavía no a habitarlo juntos. La reconciliación está en la superficie; el reto es movernos hacia la profundidad. 

¿Por qué esto importa? 

Esta encuesta es una herramienta de gestión pública. Nos permite pasar de la intuición a la evidencia, identificar en qué condiciones y en qué territorios concentrar los esfuerzos, y hacerle seguimiento en el tiempo a algo que, hasta ahora, no se medía con este nivel de detalle y desagregación poblacional en la ciudad. 

La reconciliación en Bogotá está en proceso: avanza más en las personas que en los territorios y las instituciones. Medirla es el primer paso para acompañar ese proceso con decisiones informadas y para que la construcción de paz deje de depender solo de la voluntad individual y empiece a apoyarse también en las comunidades y las instituciones que la rodean.