La Consejería de Paz, Víctimas y Reconciliación, con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), acompañaron a 10 organizaciones comunitarias de Bogotá con un impacto de más de 800 participantes entre jóvenes, mujeres, víctimas del conflicto y liderazgos locales.
Bogotá D.C., 15 de abril de 2026. La Consejería de Paz, Víctimas y Reconciliación de Bogotá, con el apoyo de OIM, culminó con éxito Reconcilia Bogotá, una apuesta por fortalecer inicativas comunitarias de víctimas, excombatientes, organizaciones sociales y más, y así aportar al tejido social de la ciudad.
Para su cierre, la institucionalidad entregó el informe que consolida el proceso de convocatoria, selección, caracterización y acompañamiento a las iniciativas, y evidencia que estas experiencias contribuyeron a mejorar la convivencia, promover el diálogo social y fortalecer prácticas restaurativas en barrios con altos niveles de conflictividad y estigmatización.
Se destaca que esta implementación es una estrategia con impacto territorial, de acuerdo con el informe, las iniciativas acompañadas lograron los siguientes numero indicadores:
• 800 personas beneficiadas en actividades formativas, círculos de diálogo y ejercicios de memoria.
• 10 organizaciones fortalecidas técnica, administrativa y metodológicamente.
• Más de 50 actividades comunitarias desarrolladas en localidades como Bosa, Ciudad Bolívar, Suba, Usme y Kennedy.
• 10 planes de sostenibilidad diseñados para garantizar la continuidad de los procesos.
• Participación de más de 120 líderes y lideresas en el taller de intercambio de experiencias.
Estas cifras reflejan un proceso que, según la Consejería de Paz, Víctimas y Reconciliación, “demuestra que las comunidades tienen un enorme potencial para transformar sus dinámicas de convivencia cuando reciben herramientas restaurativas y acompañamiento técnico”.
Asimismo, Iván Felipe Jiménez Rojas, coordinador del Programa Soluciones para las Víctimas y el Desplazamiento de la OIM, destacó que uno de los grandes logros de Reconcilia Bogotá fue hacer posibles encuentros desafiantes en un contexto donde el conflicto ha dejado enormes grietas.
“Víctimas, comparecientes y comunidades han compartido un mismo espacio no solo para hablar, sino para escucharse, reconocerse y construir, juntos, nuevas formas de entendimiento. Este proceso es una demostración de que, incluso en medio del dolor, es posible reconstruir la confianza y tejer nuevas relaciones que nos acerquen a una paz real”, afirmó.
Cabe recordar que se clasificaron a las organizaciones en tres niveles de madurez:
Nivel 1: Iniciativas emergentes con alta capacidad comunitaria pero limitado desarrollo técnico.
Nivel 2: Procesos con experiencia previa y potencial de ampliación.
Nivel 3: Organizaciones consolidadas, con metodologías claras y mayor autonomía.
Esta clasificación permitió adaptar los planes de fortalecimiento según necesidades reales, potenciando el impacto de cada iniciativa.
Aquí les mencionamos una serie de lecciones aprendidas que marcan el camino y que son clave porque servirán de referencia para futuros procesos institucionales:
1. El trabajo restaurativo requiere continuidad: las comunidades avanzan cuando los procesos se sostienen en el tiempo. La confianza y la escucha activa no se logran con intervenciones breves.
2. La formación es efectiva cuando se combina con acompañamiento práctico: las organizaciones lograron mejores resultados cuando pudieron poner en práctica las herramientas restaurativas con acompañamiento técnico cercano.
3. La sostenibilidad es más sólida cuando se fortalece la gestión comunitaria: la autonomía organizativa —roles claros, planeación, alianzas locales— fue determinante para garantizar que las iniciativas continúen después del proceso.
4. La articulación territorial multiplica impactos: las organizaciones que vincularon colegios, casas de cultura, juntas de acción comunal y redes locales ampliaron su alcance y legitimidad.
5. La diversidad metodológica es una fortaleza: procesos artísticos, de memoria, mediación, deportes o narrativas juveniles demostraron que la reconciliación puede surgir desde múltiples lenguajes.
Un proceso replicable
El informe plantea una ruta metodológica que podrá ser utilizada por entidades distritales y organizaciones comunitarias interesadas en impulsar nuevos procesos de reconciliación: diagnóstico y caracterización, plan de fortalecimiento según nivel de madurez, acompañamiento técnico y restaurativo, evaluación de resultados e impactos y sistematización final y recomendaciones.
La Consejería de Paz y la OIM destacan que no solo se cierra un ciclo, sino que abre la puerta a nuevos procesos comunitarios orientados a la construcción de paz, la justicia restaurativa y la reconciliación territorial en Bogotá.
