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Ritmo y arte pacífico en la voz de Absalón Sinisterra

Sueña con llevar el sabor del Pacífico a Europa, norte América, por supuesto África, y lograr enamorar a quienes escuchen su música y sus historias creadas y escritas entre montañas y aguas de río y de mar. En una conversación con Absalón Sinisterra conocimos la forma como este sobreviviente de la guerra se reinventa y se rebusca la vida siendo fiel a su arte.
 

Lleva más de ocho años en la capital, cuando llegó comenzó a hacer lo que mejor sabía: rebuscarse el diario cantando en los buses, y por algunos meses fue la manera de sustentarse en Bogotá y ayudar a su familia. Con 38 años, hoy tiene un hogar feliz con su mujer y dos pequeños de 9 y 2 años herederos del sabor pacífico. 
 

Actualmente, Absalón cuenta con 4 discos y un sencillo producidos con su música y varias canciones de su autoría. Su agrupación ‘Absalón y Afropacífico’ ha participado en festivales reconocidos como Colombia al Parque, el Festival de música del pacifico Petronio Álvarez, el festival de Coros del Pacífico, además de varias convocatorias del Distrito. Hace unos años, estuvo cuatro meses en Argentina promocionando su música, llevó más de 500 discos y regresó sin ninguno. Sabe que no eligió un camino fácil y que para vivir del arte hay que tener constancia y trabajar duro para perfeccionarlo. “Yo sueño con vivir de lo que hago, ser importante y grande en lo que hago, que la música del pacífico sea más reconocida. Aunque ya tenemos importantes referentes como ‘Herencia de Timbiquí’  y ‘Choquibtown’, en el género fusión que han hecho que nuestra música se conozca, aún queda mucho por hacer, hay que trabajar duro para que cuando llegue la oportunidad estemos listos para continuar ese camino”.
 

Sobreviviente de la guerra
 

Cuando comienza a hablar de su familia, de sus primos, de su niñez en Timbiquí, los ojos de Absalón se llenan de luz. Habla de caminos por los que andaba tranquilamente y al encontrar un nacimiento de agua, con una hoja o con sus manos podía calmar la sed.
 

Habla de juegos tradicionales con cantos que comenzaban desde pequeños y que en las noches terminaban en reuniones del pueblo y fiesta alrededor de los instrumentos. Aunque su familia se dedicaba a la agricultura, la pesca, la minería artesanal, la música siempre hizo parte de la cotidianidad. “En mi casa siempre hubo música, mi abuelo siempre fue músico, entonces siempre estaba el cununu, el bombo, mi abuela siempre cantando, entonces, yo crecí en esa riqueza cultural”.
 

Sin embargo, del Timbiquí en el que creció desde el año y medio que llegó, no es hoy lo que era. Antes las familias y los amigos vivían sin ninguna prevención y el trueque era común entre vecinos, cambiaban trabajo por comida, coco por plátano, la amistad como el mayor aliado. Pero al irse a estudiar a los 15 años a Santa Bárbara cabecera municipal de Timbiqui cauca dejando su pueblo natal  San José, un pueblo cercano, las cosas fueron cambiando, llegó la coca y con ella los grupos armados, la avaricia, la violencia, las muertes selectivas y la inseguridad.
 

En el 2001, Absalón es víctima directa de la violencia. “Un día cuando iba de camino a visitar a una chica que me gustaba, le pedí a un amigo que me llevara en su lancha. Pero ya para esa época los grupos estaban en todas partes y paraban todas las lanchas para hacer la requisa y coger las cosas de la gente. Entonces, íbamos en la lancha y nos hicieron la parada y yo le dije a mi amigo que siguiera, entonces nos dispararon. Bajamos la velocidad y nos acercamos a donde estaban ellos, nos preguntaron que de dónde éramos. Nos rodean, nos golpean, y preguntan pendejadas, y que si yo soy de otro bando (…)”. Por alguna razón que Absalón no sabe explicar bien,  él estaba seguro de que ese no era el día en que iba a morir, por eso no tuvo miedo de defenderse y de mostrar, como él lo menciona, el orgullo de su raza y su familia.
 

Sin embargo, después del incidente comenzaron a acosarlo y seguirlo, no pudo estar tranquilo en su pueblo y dos días más tarde tuvo que salir escondido en una lancha camino a Buenaventura, allí estuvo alrededor de un mes con la familia de su mamá y sus hermanas. Pero continuó encontrándose a los violentos que lo persiguen hasta el Puerto y por la seguridad de sus hermanas y su mamá, decide irse a Cali donde comenzaría su amor musical.
 

Viviendo en la ciudad, aprendió a cantar en los buses, a perderle miedo al público y hablar tranquilo sin tartamudear, porque desde pequeño cada vez que se ponía nervioso comenzaba a tartamudear. Con un primo y una guitarra se subían a los buses desde las primeras horas de la mañana hasta la noche. “A mediados de abril de 2003, yo me siento solo, mi tío pasando trabajo con las cosas de la casa y yo no estoy acostumbrado a estar sentado, porque en mi casa no me enseñaron eso… Yo veía que un muchacho en el centro se subía a los buses a cantar y le iba bien… Yo no sabía tocar guitarra pero mi primo sí, me fui a buscarlo a la casa y le digo ‘Primo vea, yo me acabo de ganar diez mil pesos en un solo bus´ y era mentira, yo no me había subido. Pero como él era muy nervioso, había que estimularlo. Me acuerdo tanto que ese primer día que trabajamos, comimos, almorzamos, desayunamos y después de todo nos quedaron dieciséis mil pesos, nos fue muy bien”.
 

En ese oficio de los buses duró dos años cantando. Para finales de 2005, ya alternaba los buses con algunos contratos en restaurantes, y en 2006 grabó su primer disco en el estudio de ‘Mauricio Palao’, a quien conoció en Cali y le dio la oportunidad de grabar el disco y pagarlo a cuotas, que Absalón pagó sagradamente semana a semana. “Yo a Mauricio le llevaba desde cinco mil pesos pa´ arriba, él lo tomaba como un relajo, yo en cambio lo veía como mi proyecto, con el entusiasmo de grabar y de escuchar mi voz”.
 

Al final, después de todo lo que ha vivido, Absalón es un luchador, un sobreviviente. No le gusta que lo señalen como víctima del conflicto, cree firmemente que el Estado no tiene la responsabilidad de sacarlo adelante dándole ayudas humanitarias; cree que lo más importante es darle oportunidades a la gente, para que puedan demostrar lo que saben hacer. “Yo no quería declarar, porque no me interesaba, siempre pensé que eso me pasó, pero no importa, porque yo voy pa´lante (…) Todos sabemos un oficio, algo que nos gusta hacer, la gente lo que necesita es un apoyo que le ayude a mostrar lo que sabe, porque al final no va a haber recursos suficientes para repararnos a todos”, asegura.
 

Si quieres conocer la música de Absalón y Afropacífico puedes segurilo en

Facebook: Absalon Afropacifico

Youtube: Absalon y Afropacífico